• Documentos 1.
  • Editor.

terra y praxis

terra y praxis

Arquivos Mensais: abril 2014

Grito indígena Wounaan na selva de concreto bogotano

30 quarta-feira abr 2014

Posted by terraypraxis in Arquitetura, moradia, terra

≈ Deixe um comentário

Tags

Sercelino Piraza

A matéria embaixo é a narração de Sercelino Piraza, o grande sábio (pajé) do povo indígena Wounaan no Pacífico colombiano, para um jornal e republicado na web do Conselho Indígena regional da Colômbia CRIC. O parágrafo a seguir são algumas linhas traduzidas que destaco da cotidianidade da comunidade indígena em Bogotá.

Por Omar Blanco

Sercelino Piraza e sua família em Lucero Alto, Bogotá Colômbia.

“O vicindário é pobre e na periferia, mas a fachada da construção de um andar só é alegre: verde maça e laranja (as cores). A trás da porta metálica, em quatro cômodos moram 32 pessoas, três por cama simples, quatro ou seis na cama de casal. […] Neste bairro são 265 wounaan até agora, inclusive 49 crianças, sete nasceram em Bogotá e registrados como “rolos” (bogotanos). […] Longe de seus origens, o varal para pendurar as roupas lavadas serve como cenografia de cobertores e toalhas ondeantes estampadas com selvas, rios correntosos, ocasos, leões, tigres y zebras. As crianças brincam com um macaco de pano. Tem falado para eles de animais e de mitos “os mil olhos das árvores”. No quintal só tem uma figueira, tentam subir apoiando-se num vaso sanitário quebrado do lado. Preferem brincar de caçadores entre plantas de uchuva, coentro, cebola, tomate e batata. ¿Como explicar-lhes o mito da “unha do raio” se na cidade não tem podido mostrar a marca de um trovão na corteza de uma arvore o numa trilha? […] Resignado (Sercelino), pensa que depois de dez anos de desterro superou a etapa mais difícil, que Ewandam, seu deus original, o fortaleceu na desventura com sua sabedoria. Deve ser forte pois ele é o guia e não deve defraudar a seus ascendentes. Na casa consulta um dicionário ilustrado que recebeu de presente. Se acostumou a vestir paleto cinza, camisa social branca, sapatos pretos. “Agora não sinto mais pena”. O filho mais velho veste igual carrega uma pasta de documentos, a papelada escrita a mão ou impressa: pedidos de apoio que não comoveram nem o Ministério Público nem a Defensoria Pública, direitos de petição com respostas dilatórias, como a do Ministério da Casa Civil que 5 anos atrás prometeu enviar um antropólogo para certificar que são indígenas com direitos especiais consagrados na Constituição de 1991 […].“

Grito Wounaan en la selva de concreto 30 mar 2014

Vive en la capital del país porque los paramilitares lo desterraron. La historia de Sercelino Piraza, el sabio mayor de esta tribu del Pacífico colombiano, demuestra que el drama de los miles de indígenas desplazados por la violencia y refundidos en la indolencia de las ciudades sigue sin solución.

La selva

“Me llamo Sercelino Piraza. Soy gobernador de la etnia wounaan. Nací el 31 de diciembre de 1949 en una choza con techo de palma de wérregue, a orillas del río San Juan, por la desembocadura en el océano Pacífico. Queda cerca a Malaguita, entre el Valle del Cauca y el Chocó. Mi familia y mi cultura es de cazadores y pescadores. A los diez años de edad me llevaron más al norte, por el río Togoromá, hasta el resguardo de San Antonio, municipio Litoral del San Juan. Vivíamos en medio de la selva y los animales, como nuestros ancestros. Yo usé taparrabo hasta los 15 años y las mujeres paruma hasta que llegaron las monjas. Nos enseñaron el evangelio, a hablar español, a usar pantalones y pantalonetas. Decían que el guayuco era feo. Nos volvimos creyentes. Había paz hasta que empezamos a ver pasar por el río a guerrilleros y gente desconocida. Después aparecieron los paramilitares en los años 90 (bloques Calima y Pacífico) y empezaron a mandar en todo. Una vez me atracaron con escopetas en el río San Juan. Tuvimos que dejarles la lancha y tirarnos al río. Se robaron el motor y 80.000 pesos. Luego empezaron las amenazas. Yo cortaba madera de nato con motosierra para el ferrocarril. La gente empezó a decirme: ‘Sercelino, lo están buscando’. A un amigo le dijeron: ‘Si lo encontramos, de una vez lo matamos’. ¿Por qué?, pregunté, si no debo nada ni le he hecho mal a nadie. Tuve que esconderme una noche en la iglesia, al otro día embarcarme hacia Litoral y luego para Buenaventura. Me escondí en un granero y hasta allá fueron a preguntarme. Encomendé unas artesanías que llevaba y cogí ruta para Cali, pero me dijeron que sólo en Bogotá podían ayudarme. Llegué el 28 de abril de 2003. El 10 de julio siguiente llegaron mi señora, Carmen Tulia Ismare, y los cuatro hijos. A ellos les tocó escapar porque los iban a reclutar”.

La ciudad

“Terminamos viviendo en arriendo en Lucero Bajo (Ciudad Bolívar, donde al menos el 20% de la población es desplazada, según Naciones Unidas). Bogotá no tiene árboles ni ríos, no hay casas de madera, hace mucho frío y desde la primera semana sufrí de gripa y tos. Aquí no se consiguen los bejucos que curan todo. Hace poco murió por eso el suegro de mi hijo Luis Fernando. Ni siquiera pudimos velar el cuerpo con las tradiciones de baile y canto, para pedirle a la madre naturaleza que se llevara bien el espíritu”.

Para llegar a la casa del sabio wounaan, ahora en Lucero Alto, es más fácil a través de señas, como en la selva. Nadie encuentra la transversal F, con Bis y con A. Desde la dirección, “jeroglífico” en el que se escudan las oficinas públicas para no ayudarles, hasta la indolencia los han refundido en el sur de la capital del país, porque los documentos no llegan, a excepción de los recibos de agua y energía. El vecindario es pobre y marginal, pero la fachada de la construcción de un piso es alegre: verde manzana con naranja. Tras una puerta metálica, en cuatro habitaciones viven 32 personas, tres por cama sencilla, cuatro o seis en cama doble. Las primeras seis familias llegaron, como la de Sercelino, en 2003. Tres años después algunos intentaron volver cuando el gobierno de Álvaro Uribe anunció la desmovilización de los paramilitares, pero pronto se transformaron en Rastrojos o Urabeños, según la conveniencia, patrocinados por narcotraficantes que mantienen el régimen del terror. Por eso en este vecindario ya son 265 los wounaan, incluidos 49 niños, siete nacidos en Bogotá y registrados como “rolos”.

La casa

El piso es de cemento y tierra, los techos están remendados con cartones y plásticos, el ambiente es helado. Entrando a mano derecha está la habitación donde duermen el gobernador y ocho personas más. Una vieja sábana improvisada como cortina defiende la privacidad del espacio donde duerme Sercelino con su esposa. Bolsas y talegos de todas las marcas cuelgan de las paredes o se ocultan bajo una cama. Dos bebés lloran, las madres les dan pecho, el idioma wounaan impera. En los otros cuartos hay un par de televisores antiguos con mala señal. El baño, que huele a orina, y la cocina son comunitarios. La estufa funciona con gas de cilindro. Al fondo del único pasillo están el fregadero y una pequeña lavadora que no deja de sonar. La llave gotea.

Mientras las tejas de Eternit del techo se calientan con el sol, las mujeres se dividen entre las que se ocupan de la comida (“Si alguien no come, ninguno come”, advierte Sercelino) y las que extraen delgados hilos a la fibra de wérregue sosteniéndola con el dedo gordo del pie y estirándola con los brazos al tiempo que la cortan en tiras con una cuchilla adaptada a los dedos de la mano (la palma les llega por correo desde el Chocó. Cada cogollo les cuesta 30.000 pesos). Una de ellas es Carmen Tulia, la esposa de Sercelino. Pregunta con disgusto para qué va a servir que los periodistas cuenten cómo viven. “Está brava la cacica”, dice Sercelino. Teresa se nota triste: “Voy a cumplir ocho años sin ver a mi familia y dicen que la situación no está para volver”. Otras tiñen, silenciosas, mientras festivas fibras negras y rojas cuelgan de las ventanas.

En el dormitorio vecino suena reguetón y Ricard Piraza, de 15 años, transcribe en un cuaderno las letras de las canciones sin perder el ritmo. “Estudiaba en el colegio Nicolás Esguerra, pero me quedaba muy lejos y no volví por falta de dinero. Aquí no es tan fácil como subirse a la canoa y remar”. Otros seis muchachos viven en un improvisado campamento en el traspatio desde donde se ve a lo lejos, hacia el norte, el centro de Bogotá cubierto por una estela de nubes contaminadas.

Nixon Chaucarama terminó el bachillerato y quiere estudiar tecnología, “sistemas en el Sena”, como lo hacen otros wounaan radicados en el cercano municipio de La Mesa. Del muro del cuarto cuelga un gran letrero de madera en el que tallaron la palabra “Wounaan” (“gente”). El techo está protegido con cartones de huevos y en el piso hay un par de zapatillas Nike. Algunos estudian en el colegio Rafael Uribe Uribe, “donde respetan nuestra cultura”. Sin embargo, Sercelino se preocupa más “porque aprendan la cultura de los ancestrales, que sigan de la mano de nosotros y bajo vigilancia de nuestros alguaciles, que no fumen cigarrillo ni vicio, ese es el celo que debemos mantener”.

Los recuerdos

Afuera los demás hombres hacen aros de plástico con tubos de PVC y los pulen para tejer sobre ellos las figuras en fibra que simbolizan su cosmogonía. Se sientan en torno a una mesa de madera, bajo un cobertizo del que cuelga la canoa sagrada que trajeron de la selva, hecha de una variedad de balso que al tocarla con un báculo de madera emite una melodía sagrada para ellos. Es un ritual diario para pedirle a la madre tierra lo que necesitan. La proa apunta hacia donde nace el sol y los símbolos geométricos están pintados con tintura negra de semilla de árbol de jagua.

Lejos de sus orígenes, las cuerdas para secar la ropa sirven para armar una escenografía de cobijas y toallas ondeantes estampadas con junglas, caudales, ocasos, leones, tigres y cebras. Los niños juegan con un mico de trapo. Les han hablado de esos animales y del mito de “los mil ojos de los árboles”. En el patio sólo hay un brevo al que intentan subirse apoyándose en un sanitario partido recargado en la raíz. Prefieren jugar a los cazadores entre matas de uchuva, cilantro, cebolla, tomate y papa. ¿Cómo explicarles el mito de la uña del relámpago si en la ciudad no han podido mostrarles la huella milagrosa de un rayo sobre una corteza o un sendero?

En ese ambiente, Sercelino reúne a sus iguales y les insiste que hablen en wounaan. “No podemos perder la lengua, ni las enseñanzas de los antiguos, los mitos con que crecimos”. Les cuenta que van a mandar libros desde Panamá, donde vive la mayoría de la etnia, buena parte desplazada desde Colombia, para que los pequeños, en especial los que nacieron en la ciudad, aprendan de sus antepasados. Sercelino les recuerda la historia del animal más astuto de la selva, un relato que puede durar horas si se quiere y que habla de por qué el guatín siempre supera al tigre y al conejo. “Es una enseñanza que nos sirve aquí para no ser engañados”.

A la hora de trabajar, a los mayores los ayudan muchachos con bluyines desteñidos y descaderados. Sercelino insiste en atraer las buenas energías, saca su flauta y empieza a tocar El aguacerito. “Esta melodía se les dedica a las niñas quinceañeras en diciembre, desde que sale el sol hasta mediodía. Los muchachos se emborrachan con biche (aguardiente de caña), se las echan al hombro y siguen danzando, hablando con la naturaleza para que haya buen pescado y frutas; que no venga la enfermedad, que no lleguen personas con armas sino con amor para los demás. En la selva yo tomaba mucha charrincha, vivía medio borracho, hasta que llegaron unos evangélicos, me hablaron de Jesús y yo lo recibí. El demonio me tentaba, pero me convertí y dejé el vicio; ahora no somos católicos, pero leemos la Biblia, somos creyentes. Eso les comparto a estos muchachos porque aquí ahora se emborrachan con aguardiente comercial y tuvimos el caso de uno que estaba oliendo pegante”.

El sonido de la música le recuerda “al jabalí cuando grita como el ganado y al ratico se oscurece el cielo y llueve”. También interpreta El canto del güio, que evoca a las serpientes: “La verrugosa, la más venenosa, de color café, rojo y blanco, su mordida produce gangrena; la X, verde con café; la 24, que es verde y la llamamos así porque si a las 24 horas usted no ha muerto ya no muere. Me gustaba sentarme a oír la naturaleza. Entre la selva escuchaba personas hablando en lenguas, decían que el mundo estaba pronto a acabarse por tantas violencias. Me quedaba quietico a ver cuántas eran y al acercarse el sonido desaparecían. Eran los espíritus de la selva, los nativos de otras vidas. Oía el sonido del viento moviendo el bosque. Cuando los árboles más suenan es que están en conflicto el espíritu de los muertos y el del diablo. Aquí sólo oigo ruidos. Por eso trato de que los muchachos aprendan los silbidos, la flauta y el tambor”.

Localização Povo Wounaan.

Indio urbano

A finales del año pasado, Sercelino habló de estas tradiciones con el Nobel de Literatura francés J.M.G. Le Clézio en el teatro Jorge Eliécer Gaitán por intermedio de El Espectador. El escritor vivió cuatro años con indígenas wounaan en la frontera de Colombia con Panamá —eso cambió su percepción del mundo y de la literatura— y quería saludar a uno de los maestros que sobreviven. Le impactó que la violencia lo obligue a vivir como desplazado y le habló de su novela experimental El diluvio, sobre la opresión mental que producen las ciudades.

Él estuvo de acuerdo, pero le explicó por qué tuvo que transformarse en un indio urbano. Ya no es aquel gobernador que fundó una comunidad palafítica con derechos sobre 8.647 hectáreas desde 1981, según el Incora, hoy Incoder. No ve a la distancia, como cuando cazaba conejos y venados, culpa al aire contaminado de la ciudad, usa gafas; como no tiene maloca para convocar a su tribu, aprendió a usar un teléfono celular, “este que llaman flecha”. Mira el aparato y sonríe con ironía, un sentimiento que antes le era extraño. En su aldea imperaban la tranquilidad, la transparencia, la generosidad, la solidaridad, “el respeto a las memorias de los ancestros y de los sueños”. Aquí debió adaptarse al caos, al egoísmo, a la indiferencia, a los papeles y los correos electrónicos de la burocracia, a la mentira. Lo han engañado, le han prometido e incumplido, aprendió a ser desconfiado. “Acá hay serpientes de dos patas”.

Conocí a Sercelino en la larga fila de reclamantes frente al Centro Administrativo Distrital, arrastrando una lona marcada con un escudo de la Alcaldía de Bogotá. Adentro llevaba 15 libras de arroz, una arroba de papa, diez libras de pasta, seis latas de atún y sardinas, cuatro libras de fríjol y lenteja, dos paquetes de zanahoria y naranjas. “No alcanza para todos, pero es una ayuda. El problema es cuando no cumplen con darnos el mercadito y no vendemos las artesanías. Con las manillas, jarrones, cestas, bandejas y collares es que conseguimos plata para comprar”.

Resignado, piensa que después de diez años de destierro superó la etapa más difícil, que Ewandam, su dios original, lo fortaleció en la desventura con su sabiduría. Debe ser fuerte porque es el guía y no debe defraudar a sus ascendientes. En la casa consulta un diccionario ilustrado que le regalaron. Se acostumbró a vestir traje de paño gris, camisa de algodón blanco, zapatos de material negros. “Ya no me da pena”. El hijo mayor viste igual y carga bajo el brazo un cartapacio con escritos a mano o a medio imprimir: pedidos de auxilio que no conmovieron ni a la Personería ni a la Defensoría del Pueblo, derechos de petición con respuestas dilatorias, como la del Ministerio del Interior que desde hace cinco años les prometió enviar un antropólogo para certificar que son indígenas con derechos especiales por la Constitución de 1991, tutelas para acceder a créditos para comprar más casas donde hacinarse en comunidad.

Desterrados y ninguneados

“Ojalá pudiéramos volver, pero así como están nuestra selva y nuestros ríos no volvemos, seguimos en Bogotá. Los paramilitares controlan todo, hay que andar con la cédula. El espíritu del indígena no soporta eso. Cuando yo era pequeño era un paraíso, pescaba o iba de cacería con total libertad. Ahora por ahí se rotan todos los grupos armados que siembran coca y el Gobierno no puede garantizar la seguridad. Así nunca habrá paz. Dicen que la tierra está cansada de tantas fumigaciones. Lo que más me duele es que nadie ha respetado las cosas que dejamos. Yo sembré mucho árbol de borojó y me los arrancaron. Los wounaan que se quedaron no dan razón. ¿Entonces no me querían? ¿O por qué van desenraizando? Por eso tampoco volveré. Ya estamos enraizados en Bogotá (6.379 indígenas estaban en situación de desplazamiento en esta ciudad en 2010, según la Agencia Presidencial Acción Social, y esa cifra, a la espera de un censo que la actualice, estaría cercana a los 10.000). A veces nos sentimos encerrados, todo se extraña, pero estamos dedicados a organizar el cabildo para que nos reconozcan todos los derechos. Lo poco que hemos conseguido es fruto de esa lucha. Por ejemplo, esta casa ya es nuestra. Nos la dieron con un subsidio del Ministerio de Vivienda. Valía 25 millones en 2007 y tuvimos que pagar el saldo de un millón 40.000 pesos. Ahora necesitamos repararla porque estamos muy estrechos. Lo importante es que no se nos refunda el alma, no perder la identidad, seguir creyendo en lunas y seguir viviendo en unidad”.

Luego de una década de invisibilidad social, Sercelino Piraza fue uno de los 14 gobernadores indígenas reconocidos la semana pasada en la Alcaldía Mayor de Bogotá como representantes de culturas que deben ser protegidas en la ciudad y en la selva. Emocionado, esa noche levantó su bastón sintiéndose por fin reivindicado. Pero al día siguiente no lo atendieron cuando fue al Palacio Liévano a averiguar por los beneficios para su pueblo. El alcalde al que ayudó a coronar la noche anterior como “cacique mayor” ya no era el funcionario que les aseguró que había llegado el fin de más de cinco siglos de atropellos. Había sido destituido. Los intereses de los políticos seguían de primeros en el orden del día y los indígenas de vuelta al asfalto como ciudadanos de segunda.

Fontes

http://www.elespectador.com/noticias/bogota/grito-wounaan-selva-de-concreto-articulo-483779

Grito Wounaan en la selva de concreto

Despejo na Ocupação Telerj 2

15 terça-feira abr 2014

Posted by terraypraxis in moradia, praxis

≈ Deixe um comentário

Tags

Função social da propriedade

Bens reversíveis e direitos de propriedade absoluta.

por Omar Blanco

Um novo elemento para entender a logica da “função social da propriedade”: os bens reversíveis são os que devem ser entregues ao Estado, pelas concessionárias de serviço público, findo o prazo de concessão … pois acontece que a emissora BandNews FM Rio divulgou que segundo o “Documento da Anatel obtido com exclusividade pela BandNews FM mostra que terreno da Oi invadido no Engenho Novo é bem reversível, ou seja, dever ser devolvido à União no final da concessão.”

Web da anatel. Fonte https://www.facebook.com/bandnewsfmrio

De forma muito simples é possível encontrar na “paisagem” do Rio que em lugares bem localizados, com serviços completos e boa infraestrutura muitos prédios vazios, abandonados, privados e públicos, poderiam ser adequados arquitetonicamente, alguns, e outros aproveitados só com lotes para produzir moradia para os setores sociais mais pobres, de 0 a 3 salários mínimos.

Em destaque o predio da Oi. Fonte https://www.facebook.com/bandnewsfmrio

Mas a logica da “função social da propriedade” de Eduardo Paes e Luiz Fernando de Souza, o Pezão, é beneficiar a Oi.

Despejo na Ocupação Telerj

12 sábado abr 2014

Posted by terraypraxis in moradia, praxis

≈ Deixe um comentário

Tags

Função social da propriedade

por Omar Blanco

Repressão na favela Rato Molhado.

Entorno de 2000 pessoas, no mínimo, foram despejadas da Ocupação Telerj. Esta ocupação é o resultado da necessidade de milhares de pessoas que morando em condições infra-humanas de adensamento em cortiços e pagando alugueis invadiram prédios abandonados da antiga empresa pública TELERJ e hoje privatizada Oi. Novamente a “função social da propriedade” favorece aos cidadãos proprietários da Oi. A política urbana da Prefeitura da cidade do Rio não é nem a de cadastrar as famílias para a rifa de moradias dos programas de moradia públicos. Para o prefeito E. Paes não é possível negociar com a ocupação Telerj porque seria um precedente negativo que legitimaria o fato da ocupação.

 Por isso mesma declaração do prefeito é legitimo ocupar para exigir o direito que pode ser lido no papel, mas não existe na realidade. O conflito não termina os moradores ainda reivindicam uma negociação. A Ocupação Telerj é a expressão da realidade aberta em 2013, não tem criminais detrás da necessidade de moradia. São milhares de famílias na zona norte do Rio que precisam de moradia.

O que sobrou das pertences das pessoas.

A questão urbana Hoje!

08 terça-feira abr 2014

Posted by terraypraxis in moradia, praxis, terra, urbanismo

≈ 1 comentário

Tags

Função social da propriedade, Reforma urbana

Por Omar Blanco

Os milhões de pessoas que tomaram as ruas em junho de 2013, no Brasil, colocaram em debate não apenas os 20 centavos. Temas relacionados com a cidade, como a corrupção das instituições públicas, ou contra a copa e olimpíadas, contra a onda de despejos de comunidades localizadas em áreas de interesse imobiliário atua, tudo isso retoma a questão urbana.

Jornadas de junho 2013 Foto Omar Blanco

1. A questão urbana no capitalismo

A necessidade de liberar solo urbano para o mercado imobiliário é o que provoca no capitalismo a “crise urbana”. Mas não é essa a explicação que aparece retratada nos jornais burgueses. Neles a crise é de mobilidade, a desordem na ocupação, a precariedade das moradias e os bairros dos trabalhadores mais pobres, a falta de infraestruturas públicas, o déficit habitacional, a falta de planejamento oficial, a falta de participação cidadã, entre muitas outras coisas. Em soma, a crise, na maioria das vezes, está localizada nas áreas da cidade onde moram os mais pobres. Essa é a primeira questão falsa: a crise não é urbana, é do capitalismo. Os tipos de aglomerações urbanas são consequência da formação social num especifico local. Mas a mídia burguesa se esforça em mostrar que, historicamente, os trabalhadores mais humildes devem ser inibidos ou punidos por localizar-se no local errado, por não praticar hábitos de higiene ou por ter mais filhos do que a sua condição econômica permite.

A questão urbana hoje, depois da crise econômica mundial aberta em 2008, assume vários tipos de respostas, a mais popularizada é a existência de uma oportunidade alternativa para resolver com o desenvolvimentismo e a sustentabilidade ambiental. Essas são políticas oficiais urbanas que vêm sendo introduzidas em muitas formas, a mais publicitada está no regime jurídico municipal ou nacional para que os cidadãos, os empresários do setor privado nacional ou inclusive os investidores internacionais tenham garantias no mercado imobiliário nas cidades dos países semicolonizados, como Colômbia ou Brasil. Essa questão urbana está relacionada, não por coincidência, com as hipotecas imobiliárias detonantes da bolha especulativa nos EUA. As dificuldades de produzir solo urbano, um lote ou um andar em cidades já consolidadas, são determinantes na geração de maior lucro, por isso expropriação e despejo de pessoas e atividades num local são a marca da chamada reabilitação urbana, expansão dos centro estendidos ou novas periferias.

A migração de capital de grandes empresas de países imperialistas para realizar investimentos e participar diretamente como investidores num pais como Brasil no setor financeiro, nos consórcios da indústria da construção civil ou no setor imobiliário é uma das consequências dessa “crise urbana”. Esses investidores internacionais são os mais entusiastas das políticas de desenvolvimentismo e de sustentabilidade ambiental.

Na década de 1960, o desenvolvimentismo já era apresentado por agências da ONU, como a CEPAL; a sustentabilidade ambiental foi apresentada oficialmente uma década depois com a UN-HABITAT. Essa política centra seu discurso na necessidade do planejamento urbano e regional realizado pelo poder público resolvendo a “crise urbana”. O discurso foi assumido mais no âmbito institucional em que foi assimilado como problema de gestão público-privada. Essa retórica democrática nos países que tinham, e têm ainda, grandes possibilidades econômicas de crescimento, os anos 2000 alentaram lutas pelos direitos cidadãos à cidade e à moradia. Esse tipo de categorias genéricas de cidadão, embutidas nas mais diversas formas jurídicas e ideológicas, produziu uma sedução dos lutadores, dos ativistas, dos professores universitários envolvidos com a questão urbana. Duas décadas depois de introduzida a ideologia de cidadania, é cada vez mais difícil esconder que o centro da crise urbana são as ações da indústria da construção civil para capturar a mais-valia dos trabalhadores envolvidos, quase 3,5 milhões de trabalhadores1,Para o setor financeiro brasileiro e internacional, a crise é para manter a taxa de lucro com os valores especulativos do produto imobiliário.

Mas na sociedade capitalista, a “crise urbana” não é crise. O capitalismo é um sistema social predador, e como tal, a classe burguesa devora os recursos necessários para que a taxa de lucro não diminua. A natureza da sociedade capitalista, como um todo, não funciona de modo planificado. Contraditoriamente, existe a necessidade de planejamento urbano mas ele é fragmentado, não sistemático, em áreas rurais ou urbanas feitas pelas administrações municipais para criar solo e manter a taxa de lucro. Como consequência o crescimento permanente de favelas, a baixa qualidade das infraestruturas e sua péssima manutenção são “caraterísticas genéticas” do capitalismo.

Milhares de brasileiros saíram em junho de 2013 revoltados, porque havia dinheiro para o monopólio dos donos do ônibus, para Copa Mundo 2014 e para Olimpíadas 2016 e não para transporte “digno”, de qualidade, em quantidades necessárias. As ideias mais sedutoras de participação, de inclusão social, chocaram-se com o apodrecimento do capitalismo brasileiro e suas instituições.

Muitas teorias pretendem resolver a “crise urbana”2 com desenvolvimentismo econômico e sustentabilidade ambiental, com grandes investimentos em moradia para os trabalhadores e a construção de mais infraestrutura que habilite mais área para ser construída. O governo do PT e sua base de apoio nos movimentos sociais3 chamaram isso de reforma urbana desde a década de 1990 até agora. Adicionalmente, o governo afirma garantir sustentabilidade ambiental em suas infraestruturas, aquelas que geram energia para grandes atividades produtivas, os Programas de Aceleração do Crescimento PAC. Embora existam aquela teorias e as políticas do governo, milhares de brasileiros encontram que os biomas de diversas regiões brasileiras são destruídas para reproduzir matriz energética.

Esse desenvolvimento funciona entregando dinheiro público para as empreiteiras da construção civil que realizam as obras necessárias para o funcionamento, a manutenção e a reprodução do sistema social. Esse dinheiro beneficia, eventualmente, setores nacionais da construção civil que executam as obras, mas, na situação de crise econômica mundial, são cada vez mais os setores transnacionais beneficiados, em associação com os nacionais ou agindo de forma independente, pelos recursos do setor financeiro nacional. Esse dinheiro para o poder público, o setor bancário da CEF ou BNDES, pode virar uma divida pública interna ou externa. Visto assim, a dívida que cause prejuízo será paga pelo próprio poder público.

A sustentabilidade ambiental é alvo de promoções, isenções de taxas tributárias para projetos que aproveitem os atributos paisagísticos ou a eficiência energética nos projetos turísticos na orla litorânea brasileira. Resumindo, as políticas facilitam a criação de solo e a efetivação do lucro derivado dele, só marginalmente parte desse dinheiro será destinado para o famoso Déficit Habitacional, mais os dados das moradias em falta para os mais pobres não param de crescer.

Colocado assim, o desenvolvimentismo econômico e a sustentabilidade ambiental são apresentados com resposta à “crise urbana”, como política urbana que vai resolver os problemas estruturais da cidade capitalista. Nessa mesma linha, o planejamento urbano e regional seguindo essa política urbana constrói a reforma urbana. A reforma urbana seria, então, uma via evolutiva, de sequencias do processo cidadão até resolver a “crise urbana”.

No campo jurídico, a “crise urbana” está determinada pelas fórmulas de negociação sobre a concentração de solo urbano em mãos de “latifundiários urbanos” nas cidades e regiões metropolitanas, nos prédios ou lotes abandonados em zonas urbanas, relativamente bem localizados e de propriedade privada, da igreja católica, do próprio estado entre outros. Os negócios imobiliários passados e os futuros precisaram de um marco regulatório4 para o melhoramento contínuo na forma de produzir o solo urbano. Este é o objetivo fundamental da introdução da noção função social da propriedade. Esse marco regulatório derivou em mudanças na constituição política de muitos países na América Latina. No Brasil, em particular, produziu-se o Estatuto das cidades que é reivindicado pela maioria dos Movimentos Sociais como a primeira peça do processo evolutivo para a reforma urbana.

Paralelamente ao problema de produzir solo para a exploração das elites governantes, os movimentos sociais, em particular os sem-teto e sem-terra na América Latina, protagonizaram uma onda de mobilizações urbanas (Cochabamba, El alto, Caracas, Quito, Guayaquil, Buenos Aires) contra o “neoliberalismo” desde a década de 2000, essas lutas de resistência tiveram uma resposta que combinou o mesmo conceito de marco regulatório, citado acima, prometendo garantias cidadãs e inclusão social. Essa política urbana se constituiu em uma resposta reacionária frente às massas revolucionadas, combinou a cooptação ou a colaboração das direções dos movimentos sociais no regime de cada país. Os regimes na América Latina estabelecem ainda hoje mecanismos de gestão no processo evolutivo da suposta reforma urbana em marcha.

As direções dos Movimentos Sociais majoritários começaram praticando a cidadania, frequentam os comitês de orçamento participativo, pedem o direito à informação e transparência nos planos diretores que tramitam nas câmaras legislativas. Uma parte dessas direções é cooptada e começam a fazer parte das instituições avaliando as iniciativas de desenvolvimento econômico, de sustentabilidade ambiental, entre outras. Em companhia de técnicos das instituições públicas ou privadas, ficaram envolvidos na elaboração de planos diretores e regulamentações específicas.

No Brasil, com mais habitantes morando em centros urbanos, a vida vai piorar, crescerá a crise para os trabalhadores mais pobres que habitam em condições materiais mais precárias. Esse marco regulatório colocou aos Movimentos Sociais reféns das ações ordeiras e amarrando-os ao império da lei. Paralelamente, as elites governantes e investidores internacionais e nacionais conseguem realizar operações urbanas e regionais com êxito, garantem as taxas de lucro e usam a política desenvolvimentista, cumprindo os padrões por eles definidos de sustentabilidade ambiental.

No caso do bairro Vila Autódromo na região da Barra da Tijuca, na cidade do Rio de Janeiro, que ganhou regularização fundiária na década de 1980, a prefeitura, hoje, ameaça despejo porque o interesse imobiliário, a especulação derivada dos eventos copa e olimpíadas produzirão desenvolvimento econômico e melhorará a sustentabilidade ambiental para os investidores que constroem projetos no entorno do bairro. Como compensação, os moradores receberão, segundo a prefeitura, subsídios em aluguel social, participarão da rifa de apartamentos dos programas de moradia ou, no último caso, receberão indenização.

A questão urbana que os Movimentos Sociais devem refletir é a impossibilidade da resolução real, da demanda de teto na sociedade capitalista. A “crise urbana” da cidade dos capitalistas está sendo regulada nos marcos das noções republicanas de função social da propriedade que respondem às necessidades econômicas de reprodução de solo para a classe burguesa. O marco regulatório, derivado dessa noção, define como critério quem satisfaz suas necessidades é quem pode pagar por elas, isto é, pela produção do solo, subsequentemente pelos serviços de energia elétrica, de água potável, etc. Essa lógica evidencia as diferentes classes sociais, mas, ao mesmo tempo, dissimula-as como categorias de cidadania, de igualdade diante da lei.

“A casa caiu”! As mobilizações de junho de 2013 avisam que, na sedução que causou a noção da função social de propriedade, a cidadania e a inclusão social não têm mais o mesmo efeito e enganação.

1“O setor empregou, no total, 3,426 milhões de trabalhadores até o final de dezembro” (2013). Emprego na construção civil registra alta discreta em 2013. Agência Brasil. Publicação: 30/01/2014

2Manuel Castells foi o pioneiro da reivindicação que resolve a crise, os meios coletivos de consumo.

3Todos os agrupados no Fórum Nacional de Reforma Urbana.

4CEPAC, o porto do lucro e Porto Maravilha, uma cidade dentro da cidade.

RSS

RSS Feed

Tópicos recentes

  • A gestão das empresas, adoece!
  • Piedra, hielo y cielo II.
  • Piedra, hielo y cielo.
  • Necessitamos uma CEDAE 100% estatal
  • Hoje não existe “passaporte de imunidade”
  • As mortes pela Covid-19 podem ser enquadradas como acidentes de trabalho?
  • Faltam UTIs, Crivella não vai cuidar de todas as pessoas.
  • Em que barco estamos nesta pandemia do Covid 19?
  • Tirar o beiral resolve o quê no BRT?
  • Minha casa minha divida! Dez anos depois?

Tags

Al-Jazeera Arco rodoviário metropolitano Bahia Belo Horizonte Brasil Carnaval 2013 CEPAC Cidade Verde Colômbia Comunidade do Metrô Mangueira Comunidade Indiana Consciência de ser negro Consciência Negra no Brasil Copa do Mundo 2014 Cordillera Real Bolivia Covid 19 Crise Hídrica cury Cúpula dos Povos Dandara de 1997 de 2001 déficit de habitação Ecopetrol Embu das Artes Estado social de direto Explotación minera Favela do Metrô Favelas Fotografia Função social da propriedade Horto Florestal Lei 10.257 Lei 388 Leilão de Campo de Libra Macroprojetos Mais-valia urbana Morro do Castelo Mulher trabalhadora Niterói Nova Friburgo Novo Pinheirinho Parceria Público Privada Patrimônio intangível Patrimônio material Petrobras PEU São Cristóvão Photography Pinheirinho Plano Local de Habitação de Interesse Social Porto Maravilha POT Soacha Programa de Arrendamento Residencial PAR Quilombo Rio dos Macacos Quilombo Urbano Realengo Reforma urbana Região metropolitana Rio de Janeiro Região Serrana RJ Remoção de moradores reurbanização Rio+20 Rio de Janeiro sabana de Bogotá Saúde dos trabalhadores Segregação residencial Sercelino Piraza Serrinha do Papagaio Serviço público Soacha São José dos Campos São Luís (Maranhão) São Paulo The Guardian Vila Autódromo

Façam suas apostas!

Façam suas apostas!

Rua Ramiro Magalhães Engenho de Dentro Rio de Janeiro. Outubro 2013.

Clique para assinar este blog e receber notificações de novos artigos por email

Junte-se a 6 outros assinantes

Arquivos

  • dezembro 2024 (1)
  • outubro 2023 (2)
  • junho 2020 (1)
  • maio 2020 (2)
  • abril 2020 (2)
  • abril 2019 (1)
  • março 2019 (1)
  • setembro 2016 (1)
  • dezembro 2015 (1)
  • abril 2015 (1)
  • janeiro 2015 (1)
  • julho 2014 (1)
  • junho 2014 (5)
  • abril 2014 (4)
  • dezembro 2013 (1)
  • novembro 2013 (1)
  • outubro 2013 (2)
  • fevereiro 2013 (1)
  • agosto 2012 (2)
  • julho 2012 (1)
  • junho 2012 (7)
  • março 2012 (6)
  • janeiro 2012 (5)
  • dezembro 2011 (3)
  • novembro 2011 (5)
  • outubro 2011 (3)
  • setembro 2011 (1)
  • agosto 2011 (3)
  • julho 2011 (2)
  • junho 2011 (1)
  • maio 2011 (3)
  • abril 2011 (3)
  • março 2011 (2)

OB

  • Ver perfil de omar.blanco.90663 no Facebook

  • Assinar Assinado
    • terra y praxis
    • Já tem uma conta do WordPress.com? Faça login agora.
    • terra y praxis
    • Assinar Assinado
    • Registre-se
    • Fazer login
    • Denunciar este conteúdo
    • Visualizar site no Leitor
    • Gerenciar assinaturas
    • Esconder esta barra